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Lunares de aspecto sospechoso los cuales deberías mostrar a un dermatólogo

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Un lunar es un tumor de la piel de un tamaño pequeño, aunque este puede variar, y habitualmente de color marrón el cual también puede ser de distintos matices. Todos nosotros poseemos lunares. Los lunares son hace mucho tiempo objeto de estudios científicos, pero hasta hoy todavía no se han descubierto totalmente las razones de su aparición en nuestros cuerpos. Cómo cuidar los lunares que son de un aspecto inusual lo definen los doctores según cada caso individual. Aquí os ponemos la información sobre los tipos de lunares en los que deberíais fijaros con más atención.

Los lunares de aspecto inusual los que deberíais mostrar a un dermatólogo, son:

  • Un lunar rodeado de un contorno más claro. Es el llamado halo, que no es congénito y puede aparecer en cualquier momento de la vida. No levanta peligro y con el tiempo puede desaparecerse sin ninguna intervención. Sin embargo, por si acaso, se recomienda mostrarlo al dermatólogo porque a veces los lunares como este se parecen mucho a las melanomas.
  • Un lunar simétrico de color marrón o rosado, el llamado nevus de Spitz, aparece principalmente en niños y jóvenes. No supone ningún peligro aunque se recomienda su extirpación por su comportamiento incierto, así como el uso de protección alta contra los rayos del Sol.
  • El lunar con el aspecto de una mancha grande con pigmentación desigual, a menudo con elevaciones en su superficie, llamado  melanosis neurocutanea. Se debe vigilar porque puede convertirse en una melanoma. A veces es recomendable su extirpación. 
  •  Un lunar de forma asimétrica, de pigmentación desigual, de color oscuro (hasta casi negro), de un diámetro bastante grande, a veces puede ser rojizo. Esas características las poseen los lunares que no son congénitos y que suelen cambiar su aspecto. Los lunares como este tienden a hacerse malignos y aumentan el riesgo de volverse en melanoma. Se debe vigilar, y si es necesaria su extirpación solo lo puede decidir un dermatólogo. 
  • Si de repente el lunar empieza a hacerse más grande, cambia su contorno, se hincha, enrojece o empieza a doler, si empieza a sangrar o picar, si cambia de color, es una señal inevitable de que necesitas acudir al médico sin demora. Los lunares de este tipo deben cuidarse mucho de los rayos del Sol. 
  • Los lunares de color oscuro, elevados y juntos, son manchas de pigmentación, que aparecen a causa del efecto solar y pueden convertirse en malignos.
  • El nevus azúl. Los lunares de este tipo tienen un aspecto muy parecido al de los melanomas malignos y pueden volverse malignos, por lo que deben ser vigilados por médicos especialistas. 
  • Mancha grande en la piel de la cara o en el blanco del ojo, llamada nevus de Ota. Aparece en la piel por la elevada producción de melanina, en la mayoría de los casos durante la adolescencia. Los lunares de este tipo raramente se convierten en malignos, aunque su aparición en el ojo puede aumentar el riesgo de contraer glaucoma. 

 

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